Las empresas de utilities —energía eléctrica, gas, agua y telecomunicaciones— se enfrentan a un desafío crítico: el control eficiente de sus activos e instalaciones. Me refiero a infraestructuras altamente distribuidas, con ciclos de vida largos, costos de mantención elevados y estrictas exigencias regulatorias. En este escenario, la gestión documental ya no es un soporte, sino un pilar estratégico.
Históricamente, muchas organizaciones han subestimado el valor de la documentación técnica, los planos actualizados, las bitácoras de mantenimiento y los registros de cambios. Pero en la práctica, cada activo mal documentado es un riesgo, lo que se traduce en costos ocultos, fallas operativas, decisiones incorrectas y, lo más grave, en una menor continuidad de servicio.


